Mindfulness significa estar presente, sin más. Podría extenderme en palabras raras de filosofía oriental, en posturas con peste a incienso pero ya estaría perdiendo la noción básica de esta práctica.
El mindfulness tiene realmente raíces en tradiciones antiguas como el budismo, no obstante, no es necesario ser creyente para poder practicarlo, de hecho tiene poco sentido en el contexto cultural en el que estamos.
Seguramente hayas escuchado nombrarlo, hoy en día está en boca de psicólogos, profesionales de la educación y de la sanidad que amparados por la evidencia científica son cada vez más conscientes de los beneficios de esta práctica.
Deja ya de pensar que el mindfulness es para gente iluminada, te ayudaré a desactivar el piloto automático que llevas puesto todo el día.

¿Para qué sirve el mindfulness?
Mindfulness no es una pastilla mágica, pero sí puede ayudarte a:
Calmar la mente (aunque solo sea un poco).
Tomar decisiones más conscientes.
Escuchar tu cuerpo antes de explotar.
Conectar contigo sin tener que irte al Tíbet.
Este blog nace de la necesidad de ofrecer una mirada realista al mundo del mindfulness, sin elitismos, sin sánscrito, sin filtros.
Queremos que cualquier persona, con el ruido que tenga en su vida, pueda decir:
“Hoy he respirado un poco mejor. Y eso ya vale.”
Si te llevas algo de este artículo, que sea esto: para un momento. Respira. Y observa lo que está pasando.
No hay que entender nada. No hay que lograr nada.
Solo parar, y estar. Eso ya es mindfulness.